Vivimos en una época en la que la tecnología marca nuestras vidas, especialmente en el ámbito visual. Cada minuto se suben miles de fotografías a internet y, en medio de este inmenso océano de imágenes, las generadas por inteligencia artificial (IA) son cada vez más difíciles de distinguir de las reales. En este contexto, el retoque digital (tradicionalmente asociado a la estética y la publicidad) ha llegado a una nueva era: la de la responsabilidad visual.
Cuando hablamos de editar una imagen, también debemos tener en cuenta el impacto que puede tener en quien la vea. Debemos preguntarnos si el retoque aporta claridad o si, por el contrario, contribuye a la desinformación. Y es aquí donde cobra importancia la formación en herramientas como Photoshop, para que los profesionales sean capaces de equilibrar técnica, creatividad y ética en cada una de sus creaciones.
El reto de la confianza en la era de la imagen manipulada
Durante los últimos años hemos sido testigos de un fenómeno conocido como infoversión visual, que hace referencia a la saturación provocada por la producción masiva de imágenes en el entorno digital. La llegada de la IA ha intensificado este proceso, generando millones de imágenes difíciles de distinguir de la realidad. Esto supone un desafío para la autenticidad, ya que muchas herramientas permiten generar contenido hiperrealista a partir de simples descripciones de texto. La línea entre lo fotografiado y lo fabricado se ha vuelto difusa.
El centro de investigación internacional RISJ (Reuters Institute for the Study of Journalism) realizó un estudio en 2024 que exponía que el 59 % de las personas en Europa que consumen contenido en redes sociales no confía en las imágenes que circulan en ellas. La principal causa de esto es la facilidad con la que la IA puede crear o manipular contenido y hacer que parezca auténtico. Los llamados deepfakes, que son rostros o cuerpos modificados con IA, se utilizan tanto en campañas políticas como en publicidades engañosas e, incluso, en fraudes financieros.
Por ello, se ha creado un movimiento global hacia la autenticidad, que está redefiniendo la formación en edición de imagen. Cursos como el de Retoque Digital con Photoshop no solo enseñan a manejar herramientas, sino a desarrollar criterio.

Una llamada a la responsabilidad visual
El volumen de vídeos digitalmente manipulados, como los deepfakes, ha experimentado un incremento explosivo en los últimos años. Según algunas estimaciones, los contenidos de este tipo crecieron alrededor de un 900 % entre 2019 y 2020. Estas manipulaciones no se limitan únicamente al área del entretenimiento. Una parte significativa de estos vídeos se emplea con fines de desinformación.
En respuesta a esto, la Comisión Europea está desarrollando una normativa específica sobre contenido sintético, que prevé obligar a etiquetar el contenido generado o alterado por IA, especialmente en ámbitos como la publicidad, la comunicación política o los medios de información. Aunque podemos ver que algunas redes sociales ya han adoptado estas etiquetas de forma voluntaria, la obligación legal aún no se está aplicando de forma universal.
Todo esto refuerza la idea de que el retoque digital no es un acto aislado, sino una práctica con implicaciones sociales. Cada editor, diseñador o creador visual forma parte de una cadena de confianza que afecta a empresas, instituciones y ciudadanía.
La formación como clave para una alfabetización visual responsable
En un informe publicado por la UNESCO en 2025 sobre competencias mediáticas, se reconoce que el principal trabajo que tenemos hoy en día se centra en el área educativa y ya no tanto en la tecnológica.
Se propone incluir enseñanza relacionada con interpretación y producción consciente de imágenes en la formación profesional y universitaria. Esta enseñanza se conoce como alfabetización visual crítica, y puede ayudar a las personas a comprender el poder social y comunicativo de las fotografías editadas o generadas por IA. En el ámbito del retoque digital, esta alfabetización implica enseñar a:
- Analizar el impacto de una imagen antes de editarla.
- Aplicar criterios éticos y estéticos coherentes.
- Utilizar herramientas tecnológicas sin perder la autoría ni la intención creativa.
- Comunicar con transparencia los cambios realizados en las imágenes.
Más allá de la estética: la nueva narrativa del retoque digital
En paralelo a esta problemática, aparece el regreso a la imperfección natural, una nueva tendencia estética. Las marcas y campañas publicitarias están apostando por imágenes menos retocadas, más auténticas. El propósito de esto se relaciona con generar imágenes más reales.
La estética de lo real domina las búsquedas en bancos de imágenes, con un aumento del 48 % en términos como “personas reales”, “belleza sin filtros” y “luz natural”. Es por eso que el retoque digital se adapta a esta corriente y los profesionales actuales buscan un retoque invisible, que mejore sin falsear, que mantenga la textura, la diversidad y la expresión original de las personas.
Del retoque a la responsabilidad visual
El mundo visual está cambiando más rápido que nunca. En cuestión de meses, las imágenes que vemos en redes, publicidad y medios se han convertido en una mezcla de realidad y algoritmos. Ante este panorama, el retoque digital no desaparece, sino que se redefine como una competencia ética y tecnológica.
Formarse en Photoshop en 2025 es mucho más que aprender a editar imágenes: es aprender a ser responsables del impacto visual que generamos. Las empresas que apuestan por la formación consciente tienen un papel clave: ayudar a que los profesionales no solo dominen las tecnologías, sino que también comprendan el poder y la responsabilidad de la verdad visual.






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